2007-04-26

¿Quien me ha robado el mes de abril?


I

Llueve, llueve...

Del cielo cae agua fría desde
nubes preñadas de intenso dolor;
incesante, persistente, sin parar
llueve y llueve... y no hay refugio.
Este mes de abril caen del cielo
todas las lágrimas del mundo,
perlas de agua que se revientan
al golpearse sobre la tierra seca
y crean coronas de mil puntas
afiladas como espinas de zarzal.
Sin saber porqué, esta primavera
se marchitan todas las flores
y se ha ensuciado el azul del cielo; y
por más que espero no deja de llover.



II

Gris sucio.

Nubes tan agobiantes y bajas
que estrangulan mi respirar,
nubes del mismo color gris
del plomo de las balas dum dum,
balas que matan con más dolor,
balas con una cruz en su ojiva.
Gris sucio, gris pálido, gris ceniza;
gris de mis propias cenizas
recogidas en mi pira funeraria
a la que tu sin saber prendiste fuego;
gris de luto... casi negro,
como el que deja la pólvora quemada
que ensucia las manos y el alma
de los que disparan por la espalda
para robarnos la preciosa vida
que tanto y tanto amamos.








III

El Ángel Caído.

Esperando recuperar el aliento perdido
me quedo solo, muy solo, y triste;
ahora soy víctima de La Bestia,
del Ángel Caído,
sobre nuestras cabezas
descargan los rayos de la ira,
mas yo no me resigno y lucho,
y grito, grito como un un loco,
mas nadie me escucha.
¡Cuan duro tormento!
¡Grito y grito y grito...! ¡Hasta el infinito!
Porque este dolor no tiene fin.
Me desgañito hasta que
mana sangre por mi boca.
Mi vida ahora es un grito eterno
que se pierde y se ahoga
entre el ruido infernal
de los vítores y aplausos
de los payasos e hijos de la gran puta
del Circo de la Locura.
¡Ya no puedo más!
Y me dejo caer al suelo,
no tengo fuerzas,
tapo con mis manos la más
profunda de las heridas,
mana sangre a borbotones,
espesa y pegajosa;
entre mis dedos puedo ver
el rojo intenso y aprieto todo
lo que puedo para cortar la hemorragia.
Sé que se me escapa la vida,
mi corazón herido se rompe,
mi alma se rasga en mil jirones...
Y no se como evitarlo.








IV

¡Cuanto dolor!

¡Dios mío! ¡Cuanto dolor!
El insoportable dolor
de ver caer a un hijo al abismo,
este hijo amado, hijo perdido,
y que hipnotizado
camina con los ojos cerrados
sobre el fino alambre del circo,
y sin red que le proteja;
el fino alambre de la trampa que
los funambulistas locos
han puesto en su camino
y que el no ha sabido
o no ha querido esquivar.





El Universo en mis manos




Cojo con mis manos un puñado de tierra,
siento todo el universo en mi puño
y los latidos de mi corazón herido.



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2007-04-11

Mil lágrimas


I

Mil lágrimas.

Bañadas por mil lágrimas, en el brillo de tus pupilas
veo reflejado el miedo que me nace en las entrañas,
miedo que me atenaza y enmudece,
miedo al crepúsculo de la esperanza.



II

La copa que he de beber.

En tu copa, el vino se vuelve oscura sangre,
y tu me la das a beber,
y yo la bebo,
ese amargo trago,
me bebo la ponzoña que desgarra todas mis vísceras
en profundo dolor que me arranca un aullido eterno,
de ese jodido dolor inmenso
se vuelve pus abundante
que mana de mis yagas
que ya nunca se cerrarán:
Porque la esperanza era un espejo
que se ha roto en mil pedazos
y que ahora tengo que ir juntando
uno a uno
y pegando sus cachitos
con los trozos de mi alma rota,
los trozos de mi alma herida por el rayo.












III


Tu Fe.

Ya solo me queda tu Fe,
me queda esa esperanza a la que tu te aferras
porque ahora veo en el reflejo de tus lágrimas
la inmensidad del firmamento,
y sé que en la oscuridad de la noche
aún siguen brillando las estrellas
y un hermoso lucero.




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2007-04-04