2009-01-07

Al sur de la frontera

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Al sur de la frontera
está la tierra mágica,
una tierra abrasada
bajo el sol implacable
y olvidada por aquellos
hombres que perdieron
la Fe y, que se perfila en
los mapas de los magos
y hechiceros por medio
de una linea roja y
discontinua, lineas
que en su día dibujaron
los cartógrafos justo
por encima de la orilla
norte del río Guadiloba.
Al sur de la frontera
está la tierra de
los siete mastines negros
y en ella florecen todo el
año los jardines, la albahaca,
los olivos y las vides;
los limoneros y naranjos.
Al sur de la frontera donde
los sentidos no son fiables
y es confusa la memoria;
un lugar donde se pierden
los recuerdos y es imposible
discernir lo soñado de lo vivido.
Al sur de la frontera
es tierra donde crecen cactus,
y chumberas con higos al lado
de los caminos polvorientos:





yo sé que debajo de
cada piedra quemada por el
sol de la Extremadura
hay guarecido un escorpión
que espera a la luna para
salir a bailar con su novia.



Al sur de la frontera
es el lugar donde se
forjaron las amistades
más fuertes y por sus
caminos olvidados vagan
sin descanso y por siempre
los héroes del destino; lugar
donde yacen enterrados los
vivos y los muertos vagan
cubiertos de polvo amarillo
por los caminos desiertos.
Allí es donde duermen
olvidados y perdidos todos
los pasajes de nuestra vida.


A mis amigos de la infancia Alfredo, Isidro (y el Retortillo)







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