2009-01-05

Recordando a la Sta. Lee


Bebimos juntos el vino rojo
que le destino puso
en nuestra copa.
Solo con cerrar los ojos puedo
ver tu ropa de seda por el suelo
tirada, un cigarro encendido
en el cenicero
y tu en la cama me esperas
con una sonrisa,
la mirada perdida y un
poco entornada, y dibujas
deslizando en círculos
los dedos lo que parece un corazón,
imagen que guardo para siempre
en mi memoria.
Si, es verdad, yo te recuerdo
siempre tumbada y con
las piernas abiertas como los pétalos
de una flor que en la mañana espera
que se pose una mariposa.
Yo sé que la vida a tu lado
es todo un premio,
una fiesta que no tiene fin.



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