2009-01-08

Anamnesis del cielo y el mar.





Seis poemas sobre el mar y el cielo de Almería



I

Las olas del mar baten la orilla y el sol
en lo alto reina con soberbia y desparpajo,
todos nos cobijamos de el bajo las palmeras
y montamos el campamento,
mas bien lo montan Puri y Alfredo,
Mayte no hace nada y yo la ayudo con la mirada;
como gitanos vivimos
sin prisa ni compromiso,
estamos solos un puñado
de amigos, sin duda disfrutamos de
lo mejor de la vida:
la familia,
la amistad,
el mar,
el sol... si, el sol de Almería
y un trago de vino.
No hay nada igual que
estar juntos y brindar por el mar.
Levanto mi vaso... y me grito ¡Vamos!
¡Por el mar, cojones! ¡Y por la amistad!
Siempre el mar azul, espejo del cielo de Almería.






II

Me tumbo en la hamaca y
me duermo como un niño
entre los brazos de su madre
después de mamar; si,
así es, quiero decírtelo,
me gusta mamar de la vida
y de tus pechos de miel y leche
cuando desnuda
te estrecho entre mis brazos;
y entrar dentro de ti
que es como entrar en
las profundidades del cosmos;
y entonces acunarme para siempre
entre las olas del del mar azul, el
eterno espejo donde se mira el cielo de Almería.






III

Las olas incesantes van y vienen, y el viento
que de lejanos montes raudo nos llega a todos
nos acaricia y nos quema la piel y el alma.
En la playa acostada: Mayte; en unos pequeños guijarros
lee arcanos, igual que las sibilas del monte Gauro tiene
el futuro en sus manos, con los ojos cerrados descansa
sobre la arena y se deja amar por un rayo de sol eterno,
el rayo de luz que no cesa y que todo lo abrasa, todo lo quema;
y yo lo sé. Yo sé que todo está en sus manos.
Alfredo, mi hijo Miguel y el narrador (un servidor)
en las profundidades del mar no perdemos
en busca de mil pulpos, de un calmar o un mero,
nos da consuelo y paz nadar entre las aguas
y volver a lugar de donde un día todo nació.
Pura, mi Pura y mi niña Yaiza juegan juntas
con no se qué mientras cantan una canción de moda,
yo sé que ambas como las sirenas estarían
mucho mejor en el mar, en las entrañas del mar.
Y mi pequeño Sebas, solo en la orilla del mar
levanta un castillo en la arena y en el aire,
o tal vez, en el aire escribe
poemas desesperados a un amor imposible.











IV

Bajo las palmeras la sombra es agradable,
hace fresco, estamos muy a gusto,
como nómadas vivimos todos juntos;
mas yo lo sé,
sé que esto no es eterno,
que no va a durar para siempre,
efímeros son los placeres en este mundo.
Aprovecho cada instante e intento atrapar
toda la felicidad en una foto
que en el futuro arranque de
mis ojos una lágrima de añoranza;
disfruto de la amistad y de
la compañía de mis amigos.
¡Que lo saben en los cielos! ¡Vive dios!
Que es mejor beber un trago
de vino de tetrabrik a vuestro lado
en la playa de las Palmeras, en Almería,
que diez mil putas botellas del mejor
Château Pétrus en otras compañías.











V

Sobre el horizonte que dibuja
el mar donde se roza con el cielo
cada mañana nace radiante el sol,
disco de oro que nos regala la luz
con la que puedo ver el mundo y
toda la belleza encerrada en el.
En la noche de una primavera
la escasa luz de una pálida luna
que se escapa de un eclipse nos
ilumina; y bebemos juntos,
somos felices, no soy consciente aún
de que esto solo es una tregua
en espera de las malas noticias
que están por llegar.
Nos espera el trago más amargo.
¡Maldito sea el puto destino!








VI

las olas del mar y el sol de Almería
que entre las hojas de las palmeras
se filtra mágico, intenso como un
puñal que hiere y ciega los ojos;
tumbado en la hamaca yo los cierro
con mucha fuerza porque necesito
ver el mundo tal y como es, y es entonces
cuando veo entre mil luces de neón
el paraíso
mi mente se libera y viaja,
mi corazón palpita de alegría,
mas con sobresalto yo me vuelvo
al presente y me aferro a el
como a un tesoro, el tesoro que tengo
enterrado en una hermosa playa
a la sombra de un puñado de palmeras.
Si, mi corazón es mi tesoro más valioso
y en el viven para siempre mi familia,
mis amigos y los mil versos perdidos en
un trago de vino rojo,
rojo intenso como la sangre que corre loca
por mis venas.
Eso era pasar los veranos
en mi paraíso particular.
Ya nadie me los puede robar;
todos mis recuerdos ahora se
mecen para siempre entre
las incesantes olas del mar azul,
eterno espejo donde se mira el cielo
de Almería.
Siempre Almería.





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