2009-01-04

Escuchamos las viejas canciones sentados juntos,
mientras, muy despacio pasamos las hojas
ya casi amarillas de los viejos álbumes de fotos;
trozos de vida, instantes felices parados en el tiempo,
todos nuestros recuerdos uno a uno, memoria sobre
papel cuché... y tu mano descansa sobre mi hombro,
la mía, ciñe tu cintura; nos agarramos el uno al otro.
A veces pienso que solo te tengo a ti en el universo.
Me miras a los ojos, esa mirada que rompe la soledad
y dejas posar un beso sobre mis labios, y se enciende
el fuego; nos reímos de cuando tenía tanto pelo en
mi cabeza y mil pájaros revoloteando dentro de ella,
de tu mirada que sigue igual, vemos pasar hoja por hoja
a los amigos, los que siguen, los que se fueron, aquellos
que nunca olvidaremos, toda la familia, las raíces,
los ancestros, todos los que tanto hemos querido
y que queremos y ya no están...
Te miro a los ojos, tus ojos negros de niña y veo un reflejo,
es la llama de la memoria que me hace recobrar el calor
que sentimos juntos y ese enorme placer de haber vivido
siempre junto a ti, los dos juntos saboreando la vida:

¡Si más de uno supiera!
todo lo que juntos hemos
vivido...
amado...
viajado... hecho...
¡Cuantas alegrías!
¡Los muchos placeres!
y si, también miedos...
y los sufrimientos que
a tu lado nada fueron;
los conjuraste con un beso.





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