2009-04-05

El sortilegio

Hilos de oro y plata, instantes de ensueño
con los que tejemos la tela de nuestra vida.
El tiempo que fluye como el buen vino que da la tierra
y que juntos nos bebemos en una copa de marfil,
los sorbos de la vida; tu y yo, nosotros y nadie más,
los dos solos en mis cálidos sueños de primavera.
En esta noche negra riela en la mar la luna llena,
luz de luna que escribe sobre las olas el sortilegio sagrado:
¡Por siempre te quiero!

Cuando llega la noche reina el silencio,
la luz de la luna llena baña tu cuerpo entero,
tu piel desnuda, piel de seda y terciopelo, tus pechos
que despacio acaricio, que beso, te beso toda sin fin;
y despacio, muy despacio, con reverente gesto
en tu cuerpo entro como en un templo sagrado,
como el sacerdote supremo pronuncio las sagradas
palabras, el juramento, susurro despacio en tu oído:
¡Por siempre te quiero!


Como una niña pequeña te acunas entre mis brazos,
suspiras, me miras con tus ojos quedos, negros, ojos
de gata enamora; después: los cierras y te duermes
sobre mi hombro, descansas, y sueñas entre las nubes
de algodón, entre mis versos de loco, mas loco enamorado:
¡Por siempre te quiero!



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