2009-08-11

verano del 2009




Sin prisas.
El silencio me acompaña
las tardes de este verano.
Cierro los ojos y escucho lejano
el tic tac del reloj de mi dormitorio.
Sé que mi vida se quema
como las barras de incienso
que enciendo por ti,
esperando, siempre esperando,
esta demoníaca rutina
parece no tener fin.
Abro los ojos y miro (al infinito)
a través de la ventana.
En medio deambulan
suspendidos en el aire
los mil hilos de humo
que de mi cigarro manan;
erráticos y perdidos
escriben en el aire
desquiciados poemas:


Versos confusos como los pensamientos de un preso,
esos versos que tan solo puede leer un alma que sufre o
un corazón herido por la saeta del hijo de puta de Cupido.






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