2009-11-26

Confesiones de un cadáver

Hay heridas que nunca se cierran, creemos que el tiempo todo lo cura, que el tiempo todo lo olvida, que la distancia es el olvido, que un clavo saca otro clavo, que una mancha de mora negra con una verde se quita... bla bla bla...






Mas yo sé que cuando todo parece dormido, cuando parece que todo ha sido ya olvidado... entonces... una noche... Si, en una noche cualquiera, una noche de frío la soledad nos rodea y nos abraza; tal vez mirando una foto, o tomando una copa de rojo vino se despierta nuestra memoria y se sacude nuestra conciencia, las lágrimas se resbalan, la voz se entrecorta, las manos tiemblan, los pulmones jadean... y todos los monstruos del universo nos arrastran hasta los mismísimos confines del infierno.






Si, no lo duden, hay heridas que nunca se cierran, amigos que nunca se olvidan, amores que no se dan por perdidos aunque la muerte esté de por medio. Yo aún no estoy muerto, solo envidio a los muertos y a su suerte, aunque de sobra lo sé; sé como decía Martín Fierro que la espera es solo la tardanza de lo que está por venir, y a todos nos espera el fuego, el fuego purificador.






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